La Rutina, mi Cerebro y Yo

Sin trabajo, la tarea que más tiempo del día nos demanda desaparece, y sin ella, tenemos el beneficio de poder hacer lo que deseemos y nos haga feliz, sin importar otra crítica más que la propia. 

¿Qué hacemos? ¿Siendo dueños de nuestro tiempo, cómo lo aprovecharíamos? Bueno, esto es algo que depende en realidad de una única cuestión: ¿Sabemos estar solos? ¿Somos capaces de convivir con nosotros mismos durante las 24 hs del día? Averiguarlo o no, está en cada uno.

Todos somos capaces de diseñar nuestra propia rutina. Otros, Soñadores en su mayoría, creen que no la necesitan. Yo, previamente Soñadora, tuve el abrupto despertar, de esos que generan una leve pero persistente ansiedad seguida por migraña, y me vi obligada a enfrentar la realidad. Necesitaba una rutina.

Indirectamente, todos necesitamos una rutina. El humano es, en mi parecer, hijo del rigor. La mayoría tenemos una meta que cumplir, un propósito. Ese impulso que nos levanta de nuestros cómodos aposentos para disponernos a hacer lo que tanto nos gusta, que tanto nos completa, que tanto nos satisface. Aquellos que no, tienen alguna figura paterna mirándolos desde arriba, poniendo orden y marcándoles el camino. Bueno, fue un padre el que me dijo que debería hacer una rutina, y no estaba equivocado. Sin embargo, yo tenía ese propósito (es decir, están leyendo de él), pero no era suficiente para crear una rutina, y por otro lado, ¿está mal sacar del día su máximo potencial?

No tener un limite nos lleva al aburrimiento. ¿Acaso no decimos que Justin y Miley tuvieron recaídas por no tener límites financieros? ¿Que la fama y la fortuna los había llevado a hacer locuras por que simplemente no sabían qué hacer con sus millones? A los mortales nos pasa lo mismo, pero lógicamente a otra escala. Cuando tenemos llena la cuenta bancaria del ocio, y disponemos de tanto tiempo para hacer las cosas que más nos gustan, resulta muy fácil frustrarse. Seguramente nos haya tomado tres semanas como mucho para darnos cuenta que disponer de tanto tiempo es, ni más ni menos, aburrido.

No os dejéis caer en la tentación del Streaming. Complicado predicamento, más aun cuando se aproxima el invierno y por delante nos queda un sinfín de días grises. (Esta narración, reitero, se remonta al segundo trimestre, cuando mi momento de ocio comenzaba.)

Tantas cosas por hacer. Tan pocas ganas. ¿Pocas ganas o poca predisposición? Pensemos, trabajé toda mi vida, nunca tuve tanto tiempo a mi disposición. Es decir, no esta mal estar… ¿libre? ¿ociosa? ¿al p€d®? ¿Hay acaso alguna diferencia? De cualquier manera, ¿cuál sería el mejor momento para empezar? Veamos, hoy es miércoles. Nada se empieza a mitad de semana. El lunes. Ese es un buen día para comenzar. Pero de nuevo, sin trabajo, todos los días son fin de semana, por ende estaría cinco días sin algo productivo para hacer más que esperar a que llegue El día. ¿Y si empiezo hoy?

¡Esa es la actitud! La pregunta es, ¿qué hago?

Yo: Podría correr…                                                                                                                             Mi cerebro: Nunca corriste en tu vida.                                                                                         Yo: Cerebro, no me desmotives. Yo puedo correr, y de hecho, hoy voy a empezar a hacerlo.

Muy bien, ya tenemos la actividad física en la lista. Podríamos sumar una actividad para la mente, por ejemplo. Eso nunca esta de más y gracias a los avances de la tecnología se puede hacer desde la comodidad de un chez lounge. Supongamos… estudiar un idioma.

Yo: Podría aprender Francés.                                                                                                         Mi Cerebro: Omelette du fromage.                                                                                               Yo: Mejor un idioma que no me recuerde a El Laboratorio de Dexter.                                   Mi Cerebro: Vamos a estar tres meses en España, el Catalán podría resultar útil.             App Store: Duolingo. Descargar. Lista para usar.

Sí, esa es una buena manera de empezar. Otra cosa buena a tener en mente es, ya que todos los días son iguales, discriminarlos. Vamos a hacer un ejercicio y volver a la vieja escuela: días hábiles y fines de semana. La mejor manera de hacerlo también es un clásico. Dejar lo productivo para los dias hábiles, y lo ocioso para los fines de semana.

Excelente, ya tengo mi rutina organizada. Adicional a la búsqueda de trabajo, ahora cuento con actividades, tanto física como mental, para ocupar mi día. Solo tengo una promesa muy importante para cumplir conmigo misma. El uso de Netflix queda permitido exclusivamente para los fines de semana y ocasionales días feriado, sin excepciones.

La rigurosidad en la que estas tareas sean aplicadas, depende de uno mismo. Cada uno tiene un nivel de autoexigencia distinto. La maravilla de ser dueños de nuestros horarios es que podemos crear una rutina tailor-made. Somos libres de elegir lo que sea que nos motive. Lo importante es siempre ser honestos con nosotros mismos y cumplir con lo que nos proponemos.  ¿No es sensacional saber que estamos cumpliendo los objetivos que nos propusimos, sin la aprobación de un supervisor, sin la estrellita del profe en la tarea, más que la satisfacción de nuestro propio logro?

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